ELLOS LO SABEN….

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María es una niña muy atrevida, siempre lo ha sido, con tan sólo 3 años de edad afronta las nuevas situaciones con mucha valentía y expectación.

Sin embargo, en esta ocasión es diferente, algo ha cambiado, o al menos eso piensa Ana, su madre. María tiene miedo, llora de manera muy intensa y  le pide por favor a sus padres que no la dejen sola.

Ha empezado a acudir a clases de natación y cada vez que se acerca a la piscina reacciona de una manera desconocida y no son capaces de gestionarlo. “No quiero que coja un trauma, ella nunca llora con desconocidos y sin embargo aquí lo está pasando fatal”. Esta frase de Ana, resume la manera de pensar y de afrontar la nueva situación por parte de sus padres.

Es interesante ver como madres y padres reaccionamos de manera tan contradictoria con el comportamiento de nuestros hijos. En muchas situaciones les privamos de actividades alegando que son demasiado pequeños, y sin embargo en otras somos capaces de exigirles y apremiarles porque ya son lo suficientemente mayorcitos.

Cuando tenemos que llevar a los niños al médico nuestro comportamiento es firme y consecuente con nuestras palabras, y no por ello menos comprensivo. Simplemente hay que ir. De la misma manera que cuando deben acudir al colegio o cuando tenemos que dejarles con algún conocido. Esas situaciones no son negociables, y ellos lo saben

La mayoría de los padres que llevan a sus hijos por primera vez a la piscina, tratan de animarles para que no lloren, con el objetivo de hacerles comprender  que la piscina es un lugar dónde se lo pasarán genial. Sin embargo, hacen comentarios con los profesores o el personal del centro, delante de sus hijos, afirmando lo difícil que está resultando la situación para la familia, con frases como la de Ana:

“No quiero que coja un trauma”

“Voy a tener que quitarle porque no me merece la pena que lo pase tan mal”

“Cada vez que se acerca a la escuela de natación llora”

“Lo primero que hace cuando se despierta es preguntarme si toca piscina”

“No puedo ni cambiarle de ropa en el vestuario”…

¿Cómo es posible que un padre no sea capaz de poner el bañador a un niño de 3 años? ¿El problema está realmente en el cambio de ropa? ¿Es el comportamiento del niño el que debería preocuparnos?

En estos casos, es evidente que lo que decimos se contradice con nuestra manera de actuar, y ellos lo saben.

Saben hasta dónde llega nuestro límite, conocen nuestro punto débil, que hay una cuerda floja, y cuál es el punto exacto para tensarla y romperla. Han descubierto el secreto y lo podrán utilizar a su antojo.

Es normal que los niños lloren los primeros días que acuden un centro nuevo, nos pasa también a los adultos cuando acudimos por primera vez a un trabajo. Son situaciones muy estresantes, pero si lo hacemos acompañados de nuestra mamá o nuestro papá, y además nos apoyan y nos ayudan con su comportamiento, será mucho  más sencillo para todos.

¿Por qué los niños se comportan de manera diferente con la madre, con el padre, con la abuela o con un profesor?

Quizás sea porque cada uno se ha ganado un puesto distinto, ni mejor ni peor, simplemente distinto. Con un profesor, los niños no suelen tener pataletas porque no les va a servir de nada, si quieren conseguir algo, deberán ganárselo por otros medios.

No somos conscientes de la capacidad que tienen los niños de analizarnos. Nos observan, nos estudian, nos evalúan constantemente, y después actúan en consecuencia.

Llegados a este punto, debemos pararnos a reflexionar.

Si un padre y una madre toman la decisión de que su hijo aprenda a nadar, de la misma manera que le vacunan o le llevan al colegio, deberán tratar al menos de ayudarle, hacer el camino más fácil.

Las decisiones firmes, sin contradicciones, con cariño y comprensión, hacen de nuestros hijos unas personas seguras.

Los padres y madres debemos  hacer que el periodo de adaptación sea una etapa  positiva para la familia. Buscar todas aquellas cosas que agradan a nuestros hijos y utilizarlas para motivarles, para generar en ellos seguridad y confianza, y así poder acudir con ilusión. Tenemos que ser conscientes de que nuestra manera de actuar durante esta etapa será la que determine cómo va a evolucionar el niño.

Hay que tener en cuenta que en la piscina tenemos una variable que no encontramos en ninguna otra situación, y es la falta de dominio que suelen tener los niños del medio acuático.

Seguramente es lo que le está pasando a María. Le encanta manejar las situaciones y enfrentarse a nuevos retos, pero siempre y cuando se encuentre en su zona de confort.

Sin embargo ella nunca ha nadado, y ahora se enfrenta a un medio desconocido, no sabe cómo desenvolverse y esta nueva situación le genera  mucha inseguridad. El entorno ha cambiado. Pero con el apoyo y comprensión de sus familiares, María cambiará su comportamiento y entonces escuchará a su profesor,  comenzará a saber cómo utilizar el material que le proporciona, pronto aprenderá a manejarse en el agua, e irá adquiriendo destrezas para moverse a su antojo. Será entonces cuando Ana comprenda, que realmente no ha cambiado nada, sólo estaba pidiendo su ayuda.

Vamos a darles la oportunidad de conocer el mundo, vamos a hacerlo de su mano, apoyándoles, pero dejándoles espacio para que caigan y se levanten, para que lloren y rían.

De nada les sirven las barreras que les ponemos los adultos, de nada les sirven nuestros miedos y temores. Lo único que necesitan es sentirse seguros.

Seamos la herramienta que les ayude a conseguir sus logros.

Lo podemos hacer juntos, porque somos capaces, y ELLOS LO SABEN.

Laura Santamaría Asensio

Marcelo Doranen Ramos

Posted on: enero 15, 2016, by : Ceifac_admin